Vestida de papá noel o desnuda,
en invierno eres tan bella como un blanco helado de limón.
Todas tus amigas y tú practicais un nudismo desconcertante.
Desnudas por las calles y los bares y los pubs.
Ya os conocen.
Ya lo dicen.
Ya estaba avisado, sí.
Tus braguitas son fetiches de tela dentro de los cuales estás tú,
completamente desnuda cual sirena dentro del agua,
pero con toda el agua dentro.
Ya estaba avisado:
sin previo aviso te empiezas a masturbar,
delante de mí.
Bajo tus braguitas van tus dedos,
humedeciéndose.
Te tumbas,
desnuda en la cama,
y me miras mientras gimes de placer.
Antes de acabar de masturbarte con tu dedo,
cada vez más caliente,
te esposas a la cama y me suplicas que termine yo.
Arranco tus braguitas de un bocado,
te tapo la boca con un pañuelo,
y te penetro mientras gimes de placer.
Tu belleza me apabulla,
como una reprimenda a un niño,
y no tardo en correrme.
Luego te dejo ahí,
desnuda y esposada en la cama,
amordazada,
y llamo a tu amiga lesbiana por teléfono
para que te venga a ayudar.
"Necesita tu ayuda", le digo,
"ven cuanto antes,
tiene algo que confesar".
Cuando tu amiga lesbiana llega y te ve
gime de placer,
y se empieza a masturbar,
delante de ti.
Bajo sus braguitas van sus dedos,
cada vez más rápidos,
humedeciéndose, y su mirada se enturbia.
Desnuda,
en invierno eres tan bella como un blanco helado de limón
o un regalo de navidad,
tu amiga lesbiana frente a ti,
se empieza a desnudar mientras tú,
bajo la mordaza, gimes de placer.
Esposada a la cama y desnuda,
te revuelves como un papel ardiendo,
mientras tu amiga te toca con pasión.
Amordazada y violada en tu cama,
eres como un regalo de navidad
recién abierto,
como una sirena sudando de placer
en una gran bañera de agua caliente.
Y los besos,
los besos de ella,
los besos de tu amiga lesbiana que te toca con sus dedos
bajo las braguitas,
los besos de tu amiga que te viola en tu cama,
cad vez te gustan más.